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sábado, 31 de diciembre de 2011

Do you want the truth or something beautiful?

La verdad no es algo que realmente queramos oír. Es algo cruel. Amargo como el peor de los venenos, cortante como la más afilada de las dagas. La verdad te atraviesa de parte a parte como si de una bala se tratara. En contra de todo sentido, crea vacíos en vez de llenarlos. La mayoría de las veces, ataca y no deja supervivientes. Es el remedio que muchos buscamos, sin ni siquiera saber si es lo que necesitamos. Es la última pieza que buscamos, sin saber que hará que todo el rompecabezas estalle por los aires.
Seguimos pidiendo la verdad, cuando lo que en realidad queremos es una mentira creíble, piadosa. Que nos asegure que no todo está perdido, que aún hay algo a lo que aferrarse. Que hay algo en lo que creer. Da igual que sea cierto o no. No duele. No hiere. No mata.
Así pues, dejaré que las mentiras me consuman, me dominen. Que creen una realidad alternativa. Sin dolor. Sin sufrimiento. Un lugar sencillo, en el que vivir sea algo tan fácil como respirar. Como dejarse llevar.

~ Do you want the truth or something beautiful? ~

sábado, 17 de septiembre de 2011

Verdad a borbotones

No sé si alguna vez habéis tenido esa sensación. Esas ansias a primera hora de la mañana, cuando te levantas y pones los pies en el suelo de nuevo, de ser sincera. De no callarte nada, y ser honesta con todos. Porque la gente sigue diciendo que las verdades deberían ser dichas a la cara. Aunque no sé si son conscientes de que ellos no quieren saberlas realmente. La verdad es algo que duele demasiado como para que valga la pena. Si no lo sabíais aún, ahora lo descubriréis.
A la propietaria de la risa cruel y la sonrisa condescendiente, decirte que toda esa gente a la que tú llamas amigos, hace mucho tiempo que dejaron de serlo. Sinceramente, estoy cansada de oír una y otra vez la larga lista de calificativos negativos que siempre siguen a tu nombre.
A ti, la dueña de ese brillo de superioridad en los ojos, que sepas que no, no eres tan popular como tú crees. Ni las chicas tratan de imitarte, ni los chicos van detrás de ti.
Ah, y no pienses que me voy a olvidar de ti, señorita Amor Propio. Sí, sé lo que piensas. Tu vida es una mierda. Nadie te quiere. Ni una sola persona se interesa por ti, dices. Estás completamente segura de que todo el mundo habla mal de ti a tus espaldas y que, en el fondo, a todos les das asco. Igual sería conveniente que dejaras tus complejos a un lado, y que empezaras a apreciarte a ti misma, para variar.
Y por supuesto, hay que hablar de ti. Te dedicas a hablarme y hablarme, contándome todos y cada uno de tus problemas. Y yo te escucho mientras te quejas, presumes o finges. Te presto atención, porque es lo que los amigos hacen. Están ahí para el otro. Pero, al parecer, tú no opinas que tenga que ser algo recíproco. Cuando se trata de mí, es distinto. Si soy yo la que quiere decirte algo importante, las cosas cambian. Aparentemente, lo que me pase a mí no es digno de tu atención. Pero he aprendido la lección, ya sé distinguir a los de tu clase, y sé que me cruzaré con personas como tú a lo largo de mi vida. Lo único que tengo que hacer es aprender a esquivaros. Porque, por supuesto, no sois una especie en extinción, ni mucho menos. Aparecéis hasta debajo de las piedras, me temo, y respondéis al nombre de falsos. Y yo ya estoy harta de gente como vosotros.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Freedom

Ya es suficiente. Me rindo. Voy a dejar de intentar encajar entre todos vosotros, no intentaré ser uno de los vuestros, ya no más. Ahora he decidido ser algo más, algo nuevo. Quizá seré yo misma, por una vez, para ver cómo se siente.  No quiero que me propongáis vuestras sugerencias, gracias. Ni vuestras miradas desdeñosas cuando hago algo que consideráis diferente. Ni vuestras horribles normas que me aprietan y me oprimen, que tratan de dominarme, cuando soy algo indomable.
Hablaré sin pensar, no importa lo que salga de mi boca. Palabras incoherentes, juegos de palabras, risas estridentes. Dibujaré sonrisas con mis labios, enseñando hasta el último de mis dientes. Correré con el viento, dejando que me guíe y que me hable. Que sea él quien me aconseje, porque no pienso recibir ni una sola orden más.
Esquivaré las grietas entre las baldosas, porque ellas tampoco merecen sentirse pisoteadas. Me saldré de las líneas al pintar, para experimentar cosas nuevas. Vestiré con colores llamativos para intentar escapar de vuestra monotonía.
Y pienso repetir uno a uno mis errores, una y otra vez; no para aprender de ellos, sino para recordar que todos somos capaces de cometerlos.

lunes, 22 de agosto de 2011

Soñar no es gratis.

Y día a día, sigo buscando nuevas historias que leer, nuevos finales que experimentar, nuevos personajes que conocer. Una parte de mí entiende que, a la larga, eso no hace más que darle alas a mi imaginación, recordándome con cada aleteo, que no es más que una fantasía, que yo nunca podré tener una vida como aquellas que se guardan en los libros, que eso no está hecho para mí.
Crea un vacío en mi interior, y con cada palabra que mis ojos absorben, él se ríe de mí y crece un poco más. Leer lo alimenta, soñar lo nutre. Debería parar de hacerlo, pero entonces, todo se vuelve aburrido. El armario que podría conducirme a mundos secretos, se convierte en un simple lugar donde el polvo y la ropa conviven. El aire deja de estar cargado de colores y de sentimientos que vagan lejos de sus dueños. La Luna está presente para ver mi desolación, pero hasta ella ha cambiado: sólo es un astro más.
Cuando dejo de leer, todo es normal. Y eso me aterra. Así que siempre vuelvo a la rutina de antes, mientras mi vacío interior se relame de satisfacción y me anima a seguir así. Pero yo lo ignoro, porque leer es lo único que alivia los efectos secundarios del vacío, y soñar es un placebo que gustosa recibo.
Por lo menos, hasta que el vacío sea más grande que yo, y el soñar me pase factura. Porque, definitivamente, soñar no es gratis. Al menos, no para mí.

jueves, 18 de agosto de 2011

No dejes de crearnos

Y así, como Alicia, acabé en mi propia realidad.
Un lugar donde yo era la dueña de todo lo que podía ver. Un lugar donde yo ponía las normas. Donde el diccionario no permitía palabras como "imposible" o "inalcanzable". Era un lugar para las ideas más extravagantes, aquellas que hacían que te mordieras el labio, aquellas que sólo te atrevías a revelar con palabras susurradas al oído. Era un país para soñar despierto y no preocuparte de las posibles consecuencias. Un espacio donde no estaba bien visto pensar en el pasado, ni en cualquier otra cosa que no fuera el presente.
Las gotas de rocío caían hacia arriba, la hierba se estremecía a mi paso. Las ramas de los árboles se retorcían sobre sí mismas, y sus ramas se extendían hacia el horizonte, uniéndose las unas con las otras, formando un techo de hojas de miles de colores muy por encima de mi cabeza, tratando de evitar que el Sol incidiera en el suelo. Un río de aguas de plata discurría por las copas de los árboles, recorriendo las hendiduras en espiral de sus troncos hasta tocar el suelo y nutrir instantáneamente a la vegetación que allí crecía.
- El reino de los sueños. El baúl de lo irreal. El país de las maravillas - canturreó una voz entre los árboles.
Me giré con calma en esa dirección, pestañeando para alejar las pompas de agua de mis ojos y ver al gato que se aproximaba, todavía entonando la canción. Andaba con parsimonia, acariciando la hierba con sus garras cada vez que daba un paso, ladeando su lomo rayado conforme se movía. Clavó sus ojos turquesa en mí durante un segundo, manteniendo la última nota. Abrió la boca momentáneamente tras su pequeño concierto, y capturó una gota de rocío con la lengua.
- Néctar de los dioses, Circe - me dijo.
Sonreí con educación.
- No me llamo así.
- Aquí sí - no admitía réplica alguna, así que me callé.
Alargué una mano y traté de capturar aquella extraña lluvia que nunca llegaba a caer realmente, y al rozarla con las yemas de mis dedos explotó en un puñado purpurina que se llevó la brisa.
Contemplé con paciencia como el felino se estiraba más de lo que se consideraba normal y rodaba por la hierba hasta impregnarse del olor que reinaba por doquier. Cuando fue consciente de que le observaba, volvió hacia mí la cabeza y susurró:
- Hay que ver de lo que eres capaz con un bolígrafo y un poco de papel, ¿eh?
Sonreí un poco, sin llegar a entender lo que quería decir. Soltó un suspiro.
- Cada vez que empuñas un bolígrafo, no es de tinta de lo que está lleno, sino de ideas inconexas a las que tú les das forma. Las guías hasta este mundo, y aquí siguen viviendo para siempre.
Me recosté en la hierba, satisfecha, dando forma a una sonrisa en mis labios. El gato sonrió a su vez, la sonrisa más grande que jamás podré ver, con sus ojos brillando iluminados por un afán de soñar a menudo confundido con locura.
Cerré los ojos, mientras una última súplica acariciaba mis oídos.
"No dejes de crearnos"